Sin más nada que decir, se despide.
Aurum Peverell
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Capítulo Uno
"La tormenta tras Andrioch Peverell"
Capítulo Uno
"La tormenta tras Andrioch Peverell"
Era un día bastante tormentoso. Caía una lluvía bastante tupida que obligaba a todos las personas a guarecerse en sus hogares. En un viejo y poco alumbrado callejón se llevaba acabo un hecho bastante atípico en un día como ese. Un grupo de niños, que recorría las edades desde los 9 hasta los 15 años, se encontraban en medio de un extraño evento. Un jovencito de casi 10 años se enfrentaba a un joven que rozaba los 14 años. Ambos tenía todo el rostro magullado de los golpes, pero parecía que ninguno estaba dispuesto a ceder ni un apicé. Las piernas del muchacho de 14 comenzaban a fallar mientras el jovencito de 9 años se mantenía firme. Era un poco más alto para la edad que tenía y tenía una mirada que podía atemorizar a cualquiera, tenía más golpes que su contrincante, pero parecía más decidido a ganar. El mayor se abalanzó sobre el menor que se apartó de su paso y arremetió con una rápida sucesión de golpes y patadas; lanzó una fuerte patada a una de las rodillas del mayor, haciendo que este perdiera el equilibrio y cayera de bruces en el húmedo y frío suelo. La multitud que los rodeaba comenzó a gritar de júbilo mientras un par de manos sacaban al ganador del círculo. El resto de los jovencitos comenzaron a atacar al perdedor mientras alguien se llevaba y sentaba al ganador sobre un bote de basura.
-¿Viste como lo vencí, hermano? ¿Lo viste? ¿Lo viste?- Insistía el jovencito que se estaba moviendo mucho y no dejaba que la otra persona le limpiara las heridas del rostro.
-Claro que lo vi, Andrioch... estoy seguro que todos vieron como le ganaste a ese tonto...- murmuraba el hermano del jovencito llamado Andrioch. Le pasaba un pedazo de tela sobre los golpes en la cara -No creo que te vayan a quedar marcas- en cada magulladura de su rostro se notaba una pequeña mancha de color verde. El joven sonrió: -Confio que esta poción te cure los golpes, no queremos que se enteren de nuestro secreto... ¿no es así Andrioch?
-¡Así es Joseph!- Chilló Andrioch, bajandose de donde se encontraba -Pero, no entiendo por qué no debemos decirle nada a nuestros padres...-
-Andrioch... hermanito...- Murmuró el joven mientras le pasaba una mano por el cuello y lo acercaba a él -Si nuestros padres se enteran de esto, querrán quitarnos tu dinero. Entonces... ¿cómo harías para comprarte todas esas tortas que tanto te gustan?- Joseph lo soltó y sonrió. Andrioch lo miró y sonriente dijo:
-¡Tienes razón! Además, es divertido hacer esto...-
Un sujeto se acercó a ellos. Al verlo, Joseph se puso serio y lo encaró. El hombre lo ve y dice con una profunda voz:
-Aquí tienes. 4 galeones, 37 sickles y 3 knuts...- le lanza una bolsa de tela, la cual ataja en el aire. Joseph lo mira, más serio que antes y replica:
-El trato eran 5 galeones, 40 sickles y 5 knuts si Andrioch ganaba... no me hagas juego sucio, Grant-
-Ese era el trato si él lo hacía sangrar...- giró la cabeza y vio al perdedor levantarse del suelo, su rostro tenía golpes, pero ninguna gota de sangre -Pero, por lo que veo, la cara del muchacho está intacta. Así que tómalo o déjalo...- se cruzó de brazos. Joseph le sostuvo la mirada unos segundos, abrazó a su hermano y murmuró:
-Déjalo asi... ya ganaremos más el fin de semana que viene...- la voz de Joseph se tintó de una pequeña nota de ira, la cual pasó desapercibida por el oido de Grant, que se giró y fue a gritarle al perdedor. Joseph se agachó y encaró a su hermanito -¿Ves cuanto ganamos hoy? Lo hiciste muy bien, pero para la próxima trata de pegarle más duro en la nariz, así ganaremos más oro para comprar esos dulces mágicos que tanto te agradan...- Andrioch asintió, Joseph se levantó y comenzaron a caminar fuera del callejón.
Andaron por una callejuela acompañados del suave tintineo de las monedas mágicas en el saquito de tela que tenía Joseph colgado del cinto. Luego de un trayecto de cinco minutos, llegaron a una casa desvencijada, los dos muchachos la rodearon hasta llegar a una pequeña puertecita que se encontraba en el patio de ese lugar. Antes de entrar, Joseph sacó su varita y golpeó una roca que se encontraba muy cerca de la puerta. La hizo levitar un poco y la sacó del agujero donde estaba, dejando a la vista un cambio de ropa para ambos muchachos. Le lanzó una de las mudas al niño y ambos, en silencio, se quitaron las ropas empapadas por la lluvía y se pusieron las secas. Entraron a la casa y caminaron hasta la habitación que ambos compartían. Pero al entrar, se percataron de que algo no estaba bien; sentado sobre la cama de Andrew, se encontraba un señor de mirada dura y de mandíbula cuadrada, tenía una vena palpitante en la sien y sostenía fuertemente su varita con la mano izquierda. Joseph y Andrew se quedaron helados de repente: su padre los había descubierto.
Antes de que alguno de los dos pudiera hacer algo, ambos fueron lanzados hacía la sala de la casa haciendo que golpearan contra algunos muebles, el ruido hizo que la madre de los muchachos saliera de la habitación, el padre la miró y dijo, apretando los dientes:
-No intervengas Marie...-
La mujer se detuvo en seco y lo miró asustada, luego enfocó su mirada en los niños y negó lentamente. El hombre le lanzó una mirada iracunda y repitió:
-No intervengas... esto no te incumbe...- dirigió su mirada hacía los dos jóvenes y murmuró: -¿Se podría saber que demonios hacían fuera de la casa a estas horas?-
Joseph lanzó una fugaz mirada a su hermano y luego a su padre. El silencio entre los tres se extendió hasta el punto de lastimar. El señor lo rompió levantando de mala gana a Joseph y encarándolo:
-¿Me dirás que demonios hacían a estas horas en la calle?-
-S... si... fu... ¡fui a buscar a Andrew!- balbuceó el mayor mientras cerraba los ojos. El padre lo miró duramente, le lanzó una mirada a Andrew, que se encogió del miedo y preguntó:
-¿A qué te refieres Joseph?-
-Pu... pues... vi a Andrew salir de la casa luego de que se apagaran todas las velas, lo seguí y vi que caminaba hasta ese callejón que queda a unas cuadras de aquí. Ahí lo vi peleando con unos muchachitos de su edad y justo cuando llegué, lo saqué de ahí y lo traje a al casa...- Andrew abrió los ojos como platos. ¿Cómo era posible que su hermano contara semejante mentira?. El padre lo miró unos segundos antes de soltarlo, caminó hasta Andrew que trató de escapar, lo sujetó por el cabello y lo alzó y miró a Joseph:
-Ve hasta el cuarto donde está tu madre y cierra la puerta. Contigo dentro, no dejes que ella salga bajo ninguna circunstancia. ¿Quedó claro?- El mayor asintió y corrió hasta el cuarto, justo a tiempo para evitar que Marie saliera de la habitación. Entró junto a ella y cerró la puerta con un leve sonido. El señor miró a Andrew y le soltó el cabello, sabiendo que estaba paralizado de miedo. Antes de decir cualquier cosa, la mano derecha del hombre se estrelló fuertemente contra la cara del niño, lanzándolo al suelo.
-¡¿Se puede saber con qué derecho sales tú en la noche?!- El rostro del hombre estaba completamente desfigurado por la ira. Andrew levantó con cuidado la cara y lo miró. Sus ojos se enmarcaban con unas perladas lágrimas y de su boca salía un pequeño hilito de sangre -¿Ahora te crees muy valiente para andar por ahí golpeando a otros muchachos? ¡Vamos! ¡Levantate y trata de golpearme como haces con esos niños!- Andrew negó rápidamente mientras se arrastraba por el suelo hasta una de las sillas. El padre lo siguió y apartó la silla de una patada -¡Vamos a ver que tan valiente eres ahora! ¡CRUCIO!- bramó el hombre apuntando al pequeño. Casi de inmediato la casa se llenó de un chillido agudo mientras el cuerpecito del niño se sacudia contra el piso. Detrás de la única puerta cerrada se escuchaba un grito de una mujer, pero eso no parecía afectar al padre de Andrew. Detuvo el hechizo y escuchó los gemidos del niño -¡¿Volverás a hacer esas cosas?!- El niño negó mientras trataba de reincorporarse. El padre caminó hasta él y lo levantó del suelo, lo obligó a ponerse de pie y le ordenó: -Me aseguraré de que así sea... date la vuelta...- El niño lo miró con los ojos como plato mientras el padre se arremangaba -Te dije... ¡QUE TE DIERAS LA VUELTA!- Andrew lo hizo. Le dio la espalda a su padre y cerró los ojos, sabía que era lo que iba a pasar.
El padre blandió su varita como si fuera un látigo y un destello morado iluminó la casa entera. El grito del niño fue tan fuerte que ahogó los sollozos de su madre. Se vio un segundo destello y el grito fue más fuerte que antes, el hombre se acercó al niño y le dijo al oido: -Y qué sea la última vez que haces eso...- el hombre se alejó de Andrew mientras él comenzaba a llorar. Su espalda estaba bañada en sangre y una gran equis humeante la decoraba. El niño se quedó en el suelo, llorando hasta que se quedó dormido...
A la mañana siguiente, Andrew despertó acostado en su cama. Sus ojos eran curiosos y se preguntaban si había sido real lo de la noche anterior. Trató de levantarse pero un fuerte dolor le cruzó la espalda y supo que no había sido un sueño. Ese pequeño esfuerzo hizo que sus ojos se humedecieran, pero en ese momento entró su madre:
-¿Qué... qué intentas hacer, Andrew? Estás muy herido, no podrás levantarte sin sentir un fuerte dolor...- la madre le puso la mano en el hombro y lo recostó cariñosamente.
Desde ese día, Andrew no volvió a hablar. Su madre cuidaba laboriosamente sus heridas, las cuales no se curaban tan rápido debido a que habían sido hechas con magia. Pasó más de dos semanas en su cama hasta que pudo levantarse sin soltar un gemido de dolor. Todo esto duró hasta un mes luego del incidente. Faltaban menos de veinte minutos para la medianoche cuando Andrew despertó. Escuchaba unas voces que discutían airadamente en la parte trasera de la casa. Él se levantó con cuidado de su cama y caminó hasta una ventana que le daba una visión del patio. En ese lugar se encontraba Grant, el hombre que los había estafado; Joseph, que parecía un poco temeroso y dos hombres que lo rodeaban. Parecía que Grant le estaba pidiendo algo a Joseph, pero este se negaba:
-¡No he podido hacer nada Grant! He intentado por todos los medios de que se anime de nuevo pero no lo he logrado. ¡Ya ni habla!-
-Eso no es mi problema, mocoso. Teníamos un trato... yo te daba dinero para ti y tu familia, si ese niño seguía sirviendome. Ya no me sirve, no hay trato-
-¡Necesito ese dinero, Grant!- dijo Joseph, tomando al hombre por su camisa. Grant lo miró con asco y los "guardespaldas" lo tomaron por los hombros y lo alejaron.
-¿Lo necesitas? Está bien, hablaré con el mocoso que tienes como hermano y llegaremos a un acuerdo- Se aclaró la garganta y se dirigió a los dos hombres -Traiganme al niño. Si alguien se atraviesa, pueden acabar con ellos... yo me encargaré de enseñarle a este niño que no debe tocarme si no lo permito- terminado de decir eso, le dio un fuerte golpe en el rostro a Joseph mientras los dos monigotes sacaban sus varitas y se dirigían a la casa. Andrew vio eso y trató de huir, pero una fuerte explosión lo mandó de espaldas contra una pared. Las heridas que tenía se abrieron por el impacto y quedó en semiestado de shock. Se escuchó un portazo, los padres del niño salieron hacía el lugar de la explosión y vieron a los dos hombres.
-¿Qué demonios pasa aquí?- gritó el padre mientras sacaba su varita. Uno de los hombres lo vio hacer eso, levantó su varita y solo susurró:
-Avada Kedavra...-
Un destello de luz verde iluminó toda la casa y el hechizo impactó al hombre directo en el pecho, arrojándolo contra una pared... muerto. La mujer chilló y trató de huir, pero el segundo hombre la apuntó y repitió la misma acción que hizo su compañero. El hechizo le impactó en la espalda y la hizo caer de bruces contra el suelo. Andrew trataba de incorporarse cuando la mirada de ambos hombres lo encontraron. El más cercano a él lo tomó del cabello y lo llevó al patio, donde Joseph ya estaba en el suelo con el rostro completamente lleno de sangre. El tipo lanzó al niño a los pies de Grant, el cual se encuclilló a su lado, le tomó del cabello y le levantó la cara, para que lo viera:
-¿Es verdad lo que dice tu hermano? ¿Ya no quieres pelear?- Andrew asintió lentamente. Grant soltó una carcajada -Ya veo, entonces tu hermano no es un cochino mentiroso. Pero estoy seguro que ya no quieres pelear por su culpa, ¿verdad?- el chico no supo que contestar -¡RESPONDEME!- entonces, asintió lentamente. Aún le guardaba algo de rencor a su hermano por lo que le había dicho a su padre -¡Oh! Eso cambia los hechos...- Grant soltó la cabeza del niño y levantó a Joseph, tomándolo de la camisa. Uno de los tipos levantó a Andrew del suelo, para que viera lo que iba a pasar -Así que todo esto es tu culpa... sabandija mentirosa. ¿Quieres ver lo que le hago a los que tratan de hacerme quedar como un tonto?- lo soltó. Joseph trató de correr para salvarse, pero Grant levantó su varita y gritó: -¡AVADA KEDAVRA!-
Por tercera vez, Andrew había visto el destello verde y el cuerpo de su hermano precipitarse contra el suelo. Un nudo se apretó en su garganta y comenzó a llorar. Grant soltó una fuerte carcajada y caminó hasta el niño. Lo tomó de la cabeza de nuevo y le dijo:
-Si no quieres ir a acompañar a tus padres y a tu hermano a donde están... más te vale que hagas lo que yo te diga. ¿Está claro?- Andrew negó lentamente y Grant levantó la mano para golpearlo...
...pero un destello naranja golpeó al hombre directamente en el costado izquierdo del cuerpo, mandándolo a volar varios metros. Un mago que estaba cubierto por una gran capa gris plomo apareció entre los escombros de la pared de la casa destruida y tenía la varita levantada. Los dos guardespaldas de Grant soltaron a Andrew y trataron de apuntarlo, pero hubo un destello blanco y ambos cayeron atados, de pie a cabeza, al suelo. El mago de la túnica gris caminó hasta ellos y los apuntó. Lo miraban con un terror en los ojos:
-¡Desmaius!- dijo el mago y el destello rojo hizo que los párpados de los hombres se cerraran de golpe. Percibió un movimiento en la periferia de su mirada y volteó. Vio a Grant levantarse y apuntándolo con la varita. De su frente salía sangre, ya que se había golpeado con una piedra al salir disparado por el hechizo anterior. Miró al mago y dijo:
-¡No sabes contra quien te estás metiendo! ¡Avada Keda...!- pero el recién llegado fue más rápido, lo apuntó y gritó:
-¡DESMAIUS!-
El rayo de color rojo golpeó al hombre directamente en el pecho y lo hizo volar hasta estrellarse contra un árbol que se encontraba cerca. Cayó al suelo sentado pero completamente inconsciente. El mago hizo girar su varita en la mano y la guardó en el cinto de su túnica. Se giró y miró al pobre niño que estaba paralizado en el suelo, se trató de acercar a él pero Andrew comenzó a alejarse. El mago le dio alcance pronto y le murmuró, con una voz tranquilizadora y profunda:
-No te preocupes Andrew... estarás a salvo conmigo...- el niño lo miró a los ojos dorados del mago y sintió que estaba a salvo -Me llamo Aurum... Aurum Peverell...- Un suave pitido llamó la atención del mago, que se había identificado como Aurum. Metió la mano dentro de uno de los bolsillos de su túnica y sacó un reloj dorado. Le echó una rápida mirada y sonrió: -Ya son las doce de la noche. Feliz decimo cumpleaños Andrew...-
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Una corriente de aire frío recorrió el prado donde se encontraban los hermanos Peverell. Se podía apreciar la figura de los tres dentro de las ruinas de una casa. Abrieron los ojos al mismo tiempo y soltaron un suspiro. El primero en hablar fue Falcmus:
-¿Te cuesta mucho suavizarlo un poco? O al menos trae comida antes de verlo...-
-Es bastante perturbante ver lo que te pasó, Andrioch- murmuró Kotnotus mientras se acomodaba los lentes.
-Por lo menos tú no lo viviste, Kotnotus. Aún me queda la marca en la espalda de esos latigazos que me dio mi padre. Ni siquiera Aurum pudo curarlos a la perfección...- dijo Andrioch mientras miraba a sus hermanos.
-¡Ya deja de lamentarte, hermano! Recuerda el día en que fuiste a vengarte de Grant y esos dos monos sin cerebro- Falcmus sonrió y acarició su Piedra -Ni siquiera tuve que debilitarlos con sus peores miedos, el hechizo que les había lanzado Aurum les dejó secuelas permanentes...-
-Si. Vi los recuerdos de ambos. Aunque tengo que admitir que los recuerdos de Falcmus son distintos a los tuyos, Andrioch- agregó Kotnotus, mirando a su hermano mayor.
-Pues si. Tú conoces mejor que yo la extraña obsesión inhumana que tiene Falcmus con ver sangre y peleas extremadamente brutales. Así que no comprendo por qué te sorprende...- Andrioch le dio un suave golpe a Falcmus en el hombro.
-¡Es que fue algo aburrido! Esos tres hombres no tuvieron oportunidad contra Andrioch y su poderosa varita. ¡Tendrías que haber ido Kotnotus!- Falcmus sonrió mientras veía a su hermano menor.
-Aurum no me dejó, recuerden que tenía 15 años... aún no podía aparecerme- suspiró -Es hora de ver tu historia Falcmus. ¿Estás listo?-
-Yo nací listo, Kotnotus... no tienes necesidad de preguntarlo-
Los tres hermanos caminaron hasta donde (en un pasado) había estado el cuarto de Falcmus y un gran destello los envolvió a los tres...
10 comentarios:
<3 <3 (Doriana)
waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! quiero más D:
suena tonto decir que sentí un nudito en la garganta cuando mataron a Joseph? D:
No. ¿Por qué habría de ser tonto?
Definitivamente, mejor escrito que contado xD
Me intriga. Me intriga mucho saber qué pensó Andrew despues de recibir el reloj...
Excelente, señor Peverell...Siga así ^^
(Y créame, acostumbrarse a estos artilugios es más facil de lo que piensa)
Que fuerte, pero claro yo ya lo habia leido xD Siga Mr. Peverell :D Va muy bien
Evette Voilet Prince~
A Andrew no le di ningún reloj. El que vio el reloj para ver la hora fui yo.
como hacerme sentir mal... que fuerte o.o todavia estoy sorprendida todo el cap estuve con el nudo en la garganta... fue excelente doloroso y triste mis felicitaciones... quiero mas... es incrible... Aurum es oro en latin verdad??? creo que lo amo xD
Si srta. Nanda... Mi nombre significa "Oro" en latín.
Por fin hallé el tiempo para leerlo =) Me absorbió completamente y quiero leer más, me alegro de no ser la única con un nudito en la garganta, por un momento fue dificil de leer (será que soy una boba sensible? xD)
Por cierto, no sé porque, pero amé maaal esta frase "El silencio entre los tres se extendió hasta el punto de lastimar"...Es genial, felicitaciones =)
Hola Soy Nataly! Cumpliendo mi palabra paso por aca a leer tu historia, me encanto por cierto ^^ ojala pronto tengas tiempo de escribir el resto, cuidate!!!
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